El quipu virtual número 322 trata del centenario del nacimiento de Blanca Varela, (Lima, 1926-2009), una de las poetas más importantes de nuestra lengua. La escritora y periodista Fietta Jarque ha publicado su biografía, titulada La vértebra perdida (Lumen, 2026). Se trata de un prolijo recorrido que busca comprender mejor su vida en busca de las claves soterradas en su poesía. Ofrecemos un fragmento del primer capítulo: «Casa de mujeres».
Blanca Varela: Una Biografía
Mientras la luz del día se filtraba a través de las rejas de la puerta principal al pequeño zaguán de la entrada, Blanca se tendía bocabajo en el suelo, siempre con sus gruesos volúmenes, que muchas veces le costaba cargar. La niña se situaba en el siguiente umbral, obstruyendo el paso. Pero nadie en casa le pedía que se moviera. Cuando alguien lee, no se le interrumpe. Esa era una consigna no dicha en la familia. Solo su hermana Nelly, más pequeña y flacucha, pasaba a veces por encima de ella, pisándola. Blanca ni se inmutaba, cuando mucho, la ahuyentaba con la mano y alguna palabra que hacía reír a su hermanita menor. «He leído desde muy niña y en casa me dejaban leer lo que me viniera en gana», dijo a menudo Blanca Varela en las contadas entrevistas que concedió de adulta. «Mi madre leía a escritores franceses y allí estaban a mi disposición, indiscriminadamente, Alejandro Dumas y Gustave Flaubert, Émile Zola, Honoré de Balzac, Guy de Maupassant y otros. A mi padre le gustaba la novela española. Me prestaba a Baroja, Valle-Inclán, Blasco Ibáñez. Los rusos no faltaban; me amanecía con Dostoievski, y con luz de vela porque, eso sí, me quitaban la lámpara del velador para que no leyera hasta tan tarde. Tenía una familia en la que, no sé si para bien o para mal, todo el mundo escribía, especialmente las mujeres».
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